¿Cuál es más importante, el “por qué” o el “para qué”?

En apariencia son opciones parecidas. Pero posiblemente si lo piensas en base a tu propia experiencia, descubrirás rápidamente las diferencias.

El “por qué” puede ser visto como diagnóstico de una determinada situación que estás viviendo o te planteas. Mientras que el “para qué” da sentido, propósito y dirección a tus pensamientos, que, como sabemos, son la base de las realidades que generas en cualquier ámbito de tu existencia. Al  tener un sentido mayor, esta pregunta difiere del “por qué” en un aspecto esencial: resignificas cada experiencia en función de un sentido práctico, de aplicación en la vida cotidiana y, a su vez, lo alineas con un propósito mayor. Abarca más.

Por ejemplo, ante una desgracia o fatalidad, si preguntas: “¿Por qué me pasa esto a mí?”, más allá del impacto inicial, si observas fríamente esta expresión, en ella aparece un cierto tono de victimización. En cambio, si preguntas: “¿Para qué me pasa esto a mí?”, la situación es la misma; sentirás su impacto, pero desde un punto de vista diferente: estás buscando un sentido a lo que te ocurrió, el aprendizaje que puede estar oculto detrás de ese acontecimiento.

Veamos ahora ante un logro que no esperabas. Al preguntarte “¿Por qué me toca vivir esto?” La connotación positiva del hecho repercutirá en tu respuesta; más allá de la emoción y alegría, quizás lo analices con la mente racional desde una perspectiva del esfuerzo que  hiciste y el merecimiento de este éxito. Pero, si te preguntas “¿Para qué me toca vivir esto?” La felicidad es la misma, sin embargo, en este caso, promueves dentro de tí un fluir más profundo. Quizás balancees lo racional (hemisferio izquierdo cerebral) con lo emocional (hemisferio derecho), tendiendo un puente; y así, dotarás de propósito a aquel contacto que te abrió las puertas; sientas gratitud por lo que está sucediendo, y lo conectes con tu propósito de vida. Tal vez de esta forma tomes consciencia de que el “para qué” permite una apreciación más completa y profunda, superadora del “por qué”.

Entonces, ¿una pregunta anula a la otra? No necesariamente: pueden convivir y complementarse. Aunque, a partir de ahora, te permitas apreciar sus diferencias y puedas manejarlas a tu favor con mayor conciencia.

Prensa Funcamama

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